“No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en que viven”. Monseñor Alvarez
“No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en que viven”. Monseñor Alvarez

“No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en que viven”. Monseñor Alvarez

“No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en el que viven, el asedio, la falta de trabajo; hoy, muchas de nuestras familias carecen de los medios básicos para obtener mínimamente el pan de cada día, carecen de los medios indispensables para un nivel de vida digna, quedándoles como opción abandonar la tierra que les vio nacer, en una migración forzada”, dijo Monseñor Rolando José Alvarez Lagos, Obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí en su mensaje el domingo 16 de enero en la Iglesia Catedral San Pedro, Matagalpa.

Mensaje:

San Juan Pablo II afirmó categóricamente que el “hombre es el camino de la Iglesia” (RH 14); todos los caminos de la Iglesia conducen al hombre; el hombre camina múltiples sendas y “cuán vivo y profundo es el deseo de la Iglesia de acompañarle en recorrer los caminos de su existencia terrena” (GS 1). “Entre los numerosos caminos, la familia es el primero y el más importante” (GS2).

Para la comunidad cristiana la familia es mucho más que un “tema”: es vida, es tejido cotidiano, es camino de generaciones que se transmiten la fe juntamente con el amor y con los valores morales fundamentales, es solidaridad concreta, fatiga, paciencia, y también proyecto, esperanza, futuro (Papa Francisco 11.09.2013).

La Pacem in terris, encíclica del año 1963 afirma: “Todo ser humano tiene derecho a la existencia, a la integridad física, a los medios indispensables para un nivel de vida digno, especialmente en cuanto se refiere a la alimentación, vestido, vivienda, descanso, atención médica y a los servicios sociales necesarios”. La familia necesita de estabilidad, de seguridad, de ser protegida por la sociedad, apoyada, custodiada, porque es la célula básica con la que se conforma la nación.

“No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en que viven”

No podemos ignorar el sufrimiento de tantas familias debido al miedo en el que viven, el asedio, la falta de trabajo; hoy, muchas de nuestras familias carecen de los medios básicos para obtener mínimamente el pan de cada día, carecen de los medios indispensables para un nivel de vida digna, quedándoles como opción abandonar la tierra que les vio nacer, en una migración forzada. Abandonan sus pertenencias, sus arraigos, sus afectos, dejan sus derechos, poniéndose a merced tantas veces de personas sin escrúpulos, e inician un camino en la mayor de las incertidumbres. Familias completas, padres, madres, hermanos, huyen de su tierra. Son caravanas del desierto. Son caravanas de muerte. Pienso con dolor en “la fuerza de espíritu que necesita quien debe dejarlo todo, a veces hasta su propia familia, para evitar graves dificultades y peligros (Papa Benedicto XVI, 19.06.2005), porque no encontraron en su patria lo que esta debió ofrecerles. Y ahora con sus remesas, sostienen gran parte de la economía nacional. Se convierten lamentablemente en «productos de exportación». Qué dolor más grande.

Realidad de la familia nicaragüense:

La familia nicaragüense se desgrana y desgarra ante nuestros ojos; que la Virgen Madre, quien junto a su Jesús, su Hijo y a San José, su Esposo, experimentó el dolor del exilio, nos ayude a comprender la tragedia de quienes se ven forzados a vivir lejos de su hogar; que la Sagrada Familia interceda por las nuestras, por nuestra familia nicaragüense; interceda por quienes hoy no saben nada de los que salieron de su casa en búsqueda de un mejor futuro, interceda por los que han perdido la vida en el camino, por nuestras niñas y jóvenes violentadas; que la Virgen Madre pida a su Hijo que convierta en alegría las lágrimas, el llanto de las familias que hoy lloran. Que el agua del dolor, se convierta pronto en la alegría de la justicia y la reconciliación.

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Redacción y fotografías: Manuel Antonio Obando Cortedano.
Diócesis Media.

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