“Los nicaragüenses debemos trabajar por ese país que anhelamos”. Monseñor Rolando Alvarez
“Los nicaragüenses debemos trabajar por ese país que anhelamos”. Monseñor Rolando Alvarez

“Los nicaragüenses debemos trabajar por ese país que anhelamos”. Monseñor Rolando Alvarez

“Los nicaragüenses debemos preguntarnos ¿qué país deberíamos construir y qué camino debemos emprender para alcanzarlo? Si deseamos edificar una nación que se abra al desarrollo y crecimiento debemos cumplir con nuestros deberes según la responsabilidad de cada uno y trabajar por ese país que anhelamos”, indicó Monseñor Rolando José Alvarez Lagos, Obispo de la Diócesis de Matagalpa y Administrador Apostólico de la Diócesis de Estelí, durante la Santa Misa el tercer domingo de Adviento, conocido como “Domingo de la alegría”, en la Iglesia Catedral San Pedro Apóstol Matagalpa, el 12 de diciembre 2021, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe.

Aquí el mensaje:

Los nicaragüenses debemos preguntarnos ¿qué país deberíamos construir y qué camino debemos emprender para alcanzarlo? Si deseamos edificar una nación que se abra al desarrollo y crecimiento debemos cumplir con nuestros deberes según la responsabilidad de cada uno y trabajar por ese país que anhelamos, por las instituciones, por la unión de las familias, por el servicio a nuestro prójimo, por la solidaridad hacia quienes nos rodean, por una convivencia y paz social; por el respeto a la dignidad de toda persona.

“Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, ¿quién no querrá trabajar con todas las fuerzas para lograrlo?… (cf. San Pablo VI, PP., 1967).

Esta aspiración exige extirpar de nuestra mente y de nuestras acciones, como si fuera un tumor maligno, todo aquello que destruye el proyecto de ser un país y una sociedad mejor; no nos ayuda la deshonestidad, la mentira, la extorsión, la falsa denuncia, la injuria, la difamación, el enjaular las ideas. El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. (Catecismo 2464). Prohíbe el falso testimonio y perjurio. Una afirmación contraria a la verdad posee una gravedad particular cuando se hace públicamente. Cuando es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio y compromete gravemente el ejercicio de la justicia y la equidad de la sentencia pronunciada por los jueces (cf. Catecismo 2476).

El respeto de la reputación de las personas prohíbe: el juicio temerario que admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo; la maledicencia que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran; la calumnia que con palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos (cf. Catecismo 2477). Todo esto anula el proyecto común de ser una sociedad respetuosa de la persona y sus derechos.

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Por el contrario, es fundamental que, en todas las relaciones humanas, según la Doctrina Social de la Iglesia, la solidaridad se presente bajo las siguientes premisas: como principio social  y como virtud moral (Compendio DSI 193). La práctica de la solidaridad en una sociedad es válida sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco precio de su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un semejante nuestro (cf. SRS 39). La solidaridad es también una virtud moral, no un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas; es, al contrario, la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos (cf. Compendio 193).

Solidaridad a ejemplo de Jesús de Nazaret:

Jesús de Nazaret, solidario con la humanidad hasta la muerte de cruz (Flp 2,8): en Él es posible reconocer el signo viviente del amor inconmensurable y trascendente del Dios con nosotros, que se hace cargo de las enfermedades de su pueblo, camina con él, lo salva y lo constituye en la unidad (cf. Compendio 196). Fortalezcamos nuestra vida de oración y caminemos con fe y esperanza puestas en Dios y trabajemos incansablemente por alcanzar un país en el que las relaciones entre sus ciudadanos estén basadas en la verdad, la justicia, la paz y en la solidaridad.

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