“No todo está perdido los derechos del campesinado son innegociables». Monseñor Rolando
“No todo está perdido los derechos del campesinado son innegociables". Monseñor Rolando

“No todo está perdido los derechos del campesinado son innegociables». Monseñor Rolando

Durante su homilía en la parroquia Nuestra Señora de Fátima en Rancho Grande, la mañana del jueves 13 de mayo, Monseñor Rolando José Alvarez Lagos, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, se dirigió a los campesinos, refiriéndose al panorama de confusión que se vive en Nicaragua, asegurando que no todo está perdido y recordando que los derechos del campesinado son innegociables.

Aquí el mensaje:

El 13 de mayo del año 1917, es decir, hace 104 años, la Santísima Virgen bajó del cielo, la primera de seis veces, para hablar con tres niños, con tres pastorcitos, Lucía, de diez años, Francisco de nueve y Jacinta de siete años. Tres niños del campo, que pastorean al aire libre, que juegan y rezan sin pensar la gran responsabilidad que muy pronto tendrían en sus vidas.

En ese tiempo Europa vive la terrible primera guerra mundial, con millones de heridos y muertos; y en Rusia se prepara la revolución comunista, cuya ideología que se extiende por tantos países promoviendo que el hombre viva sin Dios. En medio de esa situación de dolor, sufrimiento y confusión, la Santísima Virgen trae un mensaje de esperanza porque es posible que la humanidad se convierta y se aparte del camino del mal.

En la primera aparición la Señora del Cielo dice a los niños: «¿Quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviarles como reparación de los pecados con que El es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?».

Las primeras palabras de la Virgen nos hablan de la necesidad de conversión que tiene la humanidad y cada persona; cada uno de nosotros necesitamos convertirnos un poco cada día. Que significa esto? pues ir apartándonos de los vicios, de los malos tratos, de las malas inclinaciones, de la violencia, de los pecados de la lengua, de la injusticia; es ir dejando además cada día cargas que llevamos, como resentimientos, odios, deseos de venganza, que nos van haciendo pesado el camino, nos van haciendo difícil el camino. La conversión es perdonar, es vivir en la verdad, es cumplir la palabra dada aunque cueste. Es vivir el sufrimiento con esperanza y ofreciéndolo a Dios, sin quejas, sin blasfemar, sin maldecir, todo lo contrario, alabando y bendiciendo al Señor, pues «¿De dónde vendrá mi auxilio?» «Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.» (Sal 121, 1-2).

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Al buscar agradar a Dios se nos presentaran dificultades pero El nos dará la fuerza para salir victoriosos, pero necesitamos estar bien unidos a El, a la Viña, como explicaba la lectura del domingo; así como las ramas del árbol de aguacate están bien unidas al tronco para que den buenos frutos.

La Virgen concluye su primera aparición diciendo: “recen el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra».

La paz es el primer fruto de Jesús Resucitado, cada una de las veces que habló a los discípulos después de su resurrección les dijo: la paz este con ustedes. La paz, sin embargo,  no puede desentenderse de lo que es justo, la paz no puede desvincularse de la justicia. “Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. Nadie puede eximirse de esta responsabilidad. Pienso tanto en quienes, a su pesar, se encuentran implicados en dolorosos conflictos, como en los marginados, los pobres y las víctimas de todo tipo de explotación: son personas que experimentan en su carne la ausencia de la paz y los efectos desgarradores de la injusticia”, (San Juan Pablo II, 1 enero 1998).

La Virgen pide a los niños que recen el rosario para que haya paz y termine la guerra. Ella, como buena Madre nos está enseñando como construir la paz, la paz de cada uno, la paz en la familia, la paz en la comunidad, la paz en Nicaragua, la paz en el mundo: es rezando el rosario cada día. En el rosario recorremos toda la vida de nuestro Señor, en la que está muy presente la Santísima Virgen María. Ella nos está dando el medio eficaz con que se vencen las guerras espirituales, morales y sociales que padece el mundo, nos está dando el medio para vencer las tinieblas, el mal, la  maldad, el medio que garantiza nuestra conversión, que alcanza la paz. Es la hora, es el momento de doblar las rodillas, tomar el rosario y rezar, por una misma intención, por nuestra patria Nicaragua.

En cada una de las apariciones en Fatima la Santísima Virgen insistió “quiero que recen el rosario todos los días”;  “continúen rezando el rosario todos los días en honra a Nuestra Señora del Rosario con el fin de obtener la paz del mundo y el final de la guerra, porque solo Ella puede conseguirlo. Si hacen lo que yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz”. En octubre sus últimas palabras fueron “es preciso que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados. Y tomando aspecto más triste dijo: «Que no se ofenda más a Dios Nuestro Señor, que ya es muy ofendido».

Mensaje a los campesinos:

Hermanos campesinos, hermanas campesinas, hoy el mundo está convulsionado, nuestra patria confundida, la pandemia nos azota pero NO TODO  está perdido; mantenemos una esperanza firme en el Señor Jesús.

Ustedes que saben del tiempo, de la tierra y de la siembra, que conocen cuando es el momento para arrancar la yuca y el quequisque, para sembrar los frijoles y el maíz, para cortar las papayas y la estación para cortar las mandarinas, los limones, las naranjas; que conocen los mejores lugares para sembrar el plátano y hasta donde sembrar la hierba buena tan delicada con el sol y con la lluvia, que saben el momento de abrir la mazorca de cacao y la capsula de achiote aun sin ver la semilla; que saben esperar el trabajo de la abeja para obtener la miel; en ustedes está la sabiduría de los sencillos y sé que hoy me han escuchado, que han escuchado el llamado que nos hace nuestra Señora y que con el Santo Rosario venceremos y formaremos una legión  de hombres, mujeres y niños, orantes. Orantes por nuestra conversión, por nuestras familias, por nuestra Nicaragua. Oraremos también por los que no nos quieren, así consolaremos el Corazón de Cristo. Estamos unidos y aunque los líderes no lo estén, el campesinado si lo está, y cuando llegue el momento, y si así lo decidimos, todos nos expresaremos, con nuestra voz, con nuestro derecho al voto en las urnas electorales, marcando con el lapicero en la mano sin perdernos ni confundirnos. Es hora que se escuche en campos y ciudades que los campesinos, los de abajo, los que sudan la gota gorda todos los días, todas las mañanas, están unidos. Estamos unidos en nuestros principios que son inhamovibles e innegociables.

Concluyo diciéndole a nuestra señora de Fátima que Ella es la Madre de los hombres y de los pueblos, Ella conoce todos nuestros sufrimientos y nuestras esperanzas, conoce las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, por eso le pedimos que acoja bajo su protección materna a toda la familia nicaragüense a la que, con todo afecto te confiamos. Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza  (cf. San Juan Pablo II, alocución grabada, 7 de junio de 1981).

Fotografías: Manuel Antonio Obando Cortedano.

Diócesis Media.

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